Boca vive un déjà vu. Por un lado, debido a los imponderables que nunca dejan en paz a Guillermo Barros Schelotto y lo persiguen hasta arrinconarlo y complicarle el camino. Por otro, por esas casualidades que existen en un fútbol que cada vez es más pobre desde lo visual. Y también por no aprender de las vivencias y los sufrimientos, lo que lo lleva a tropezar dos veces con la misma piedra en muy poco tiempo y con intérpretes similares. La derrota ante Independiente, la segunda consecutiva, no dejó a los xeneizes sin punta, pero los incomoda en un momento en el que todo está por definirse. ¿Se le puede escapar la Superliga a falta de tan poco?, es la pregunta que reaparece un año después.

Todo influyó, especialmente eso último, para que el equipo bajara el nivel. Un año después eso se repite, pero en forma de tornado feroz: en pocos días la enfermería sumó a Edwin Cardona (desgarrado), Paolo Goltz (tiene un fuerte desgarro que le puso fin a su semestre) y Carlos Tevez (con dolores), además de que se verá en las próximas horas en qué estado se encuentra Wilmar Barrios, hombre fundamental, tras haber sido reemplazado en Avellaneda en el primer tiempo.

Además, la pérdida de puntos en un momento límite. Los tropiezos del xeneize hacen que el margen de error, que era amplio, ahora quede casi sin efecto. Boca derrumba gran parte de la estructura que armó durante un año de un momento a otro. Fechas antes del último título no pudo ganarle a equipos muy inferiores (Patronato y Rafaela) y recibió un duro cachetazo ante River en la Bombonera (1-3), situación que vuelve a suceder: derrota de local ante Defensa y Justicia y el golpe que ayer le dio el conjunto de Ariel Holan. Boca debía ganar, pero otra vez apareció el fantasma de los compromisos difíciles. Parece sentir, otra vez, la necesidad de ponerle suspenso a una novela que auguraba un desenlace adivinable.

Todo esto ya lo vivió. Entonces, desde Boca desean que la historia finalice con el mismo final feliz. Aunque deberán trabajar para que el déjà vu sea completo.