Silvia Campos es directora de la escuela «Narciso Laprida» de Casti, donde trabaja hace 22 años junto a la comunidad.

Desde La Quiaca Silvia Campos se traslada a diario a la escuela Nº 382 «Narciso Laprida» de la localidad de Casti, departamento de Yavi, donde hace 22 años se desempeña como directora de la institución.

Es en reconocimiento a su permanencia en el lugar, el compromiso asumido y cumplido para con la comunidad y su trabajo destacado en la enseñanza contextualizada, que la docente fue postulada por sus coordinadores al premio «Mejor docente del mundo» de la Fundación Varkey, un premio que se llega a comparar con el Premio Nobel ya que el docente ganador recibe 1 millón de dólares.
La premiación se lleva a cabo los marzo de cada año en Dubái, a través de un foro internacional donde el eje del debate es la educación debido a que una de las líneas de trabajo de Varkey es reconocer la tarea del docente en el mundo que transforma y mejora la sociedad.

Todo empezó el 4 de agosto de 1997 cuando Silvia Campos llegó, parte en bicicleta y parte a pie, a la localidad de Casti sin saber que quedaría inmediatamente encantada con esa comunidad que hoy ya la hizo parte.
«Cuando llegué, la primera pregunta que me hicieron fue: «¿Usted, cuánto tiempo se va a quedar?» Y fue todo un desafío para mí decirles que yo iba a permanecer y que yo iba a sacar adelante a los chicos y a la comunidad», expresó la docente. Es que hasta aquel día los maestros que llegaban a la escuela eran pasajeros, algunos se quedaban seis meses y otros como mucho un año, y más temprano que tarde partían dejando a los chicos casteños, además de encariñados, sin seguimiento escolar.

«Desde que llegué comencé a trabajar sobre esa necesidad real para mejorar la calidad educativa de los alumnos ya que muchos, pese a tener inmensas capacidades, no terminaban el secundario y en muchos casos no llegaban a finalizar ni la primaria», contó.
Manos a la obra la docente fue ejecutando, de forma simultánea, una variedad de proyectos, «los primeros tenían como eje la enseñanza contextualizada que implicaban valorar las costumbres y tradiciones del lugar para que ellos se sientan orgullosos de su tierra», dijo. En este marco explicó que entre las primeras actividades hicieron visitas a cada una de las casas de los estudiantes con el fin de fortalecer los vínculos no sólo con los chicos sino también con toda la familia. Y aprovechando esta actividad fuera de las aulas, a través de entrevistas, los estudiantes les preguntaban a los abuelos de la comunidad sobre las costumbres, leyendas, coplas, etc., valioso material que con ayuda de las madres de los estudiantes recopilaron en un cuaderno que hoy es un tesoro para la institución.
«Y fue así que empezando con un pequeño proyecto de cuidado de la naturaleza y la tierra surgió el próximo proyecto que fue la Papa-huasi (casa de la papa), logrando promover el desarrollo agrícola. Tal es así que en este momento la comunidad está construyendo un acopio para papas. El acopio va a ser para todas las zonas aledañas, lo digo con gran orgullo como algo tan pequeñito logró fomentar la producción», exclamó Silvia Campos.
Este año los estudiantes presentaron su libro «Casteñito soy, señores» surgido por la inquietud, de las historias contadas, las coplas y las costumbres transmitidas. Esta producción se concretó gracias al aporte de la comunidad y a la autora del mismo, María Cristina Fernández, profesora salteña de Ciencias de la Educación.

Y como proyecto en desarrollo, a través de la Fundación Varkey los estudiantes están trabajando en la elaboración de una revista para la que harán uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).
La docente, además, realiza actividades sociales en el barrio Independencia de La Quiaca, del que es la presidenta. «En mi casa junto a mi esposo tenemos una Copa de Leche y hacemos los festejos del Día del Niño y de Reyes Magos», contó.

Reconocimiento comunal
Tras 22 años de trabajo no sólo dentro de las aulas sino también en conjunto con y para la localidad, es que en el cumpleaños Nº 50 de Silvia Campos, en un acto emotivo con alumnos y exalumnos, la comunidad la nombró como miembro de la misma en agradecimiento a su compromiso. «Es una comunidad hermosa que me atrapó, se ganó mi corazón y me conquistó. Y por eso, el compromiso que asumí el primer día lo cumplí», exclamó.

En cuanto a cuáles son sus expectativas sobre el premio la docente indicó que «más allá de ganar o no, para mí ya es mucho que me hayan postulado y reconocido y por eso siento una gran emoción y orgullo», comentó. Y agregó que de ganar el millón de dólares lo destinaría para hacer aulas virtuales, para becar a los estudiantes y para promover el desarrollo agrícola de Casti.