Luego de tres noches a pura emoción, la cantante repasó sus casi 20 años de carrera y vivió momentos únicos junto a sus fans.

Después de dos noches increíbles a puro show, gritos y emoción, Taylor Swift se preparaba para cerrar su trilogía en Argentina. En las fanáticas se notaba esa mirada de ilusión, con las muñecas repletas de brazaletes de la amistad, y las manos decoradas con el número 13, las swifties estaban listas para ver a su ídola por última vez y despedirla con la emoción a flor de piel.

Con ese ambiente, la artista salió a escena con un body que parecía hecho para la ocasión. Mientras cantaba “Miss Americana & the Heartbreak Prince”, en su cuerpo brillaban piedras celestes, blancas y amarillas, como si de formar la bandera argentina se tratase.
Cómo cada noche de estos tres shows, la jornada empezó por la era Lover. Así, después de unas canciones, la estadounidense se tomó unos segundos para apreciar la escena y escuchar la ovación de la gente. “Olé, olé, olé, Taylor, Taylor”, exclamaba el público. El día anterior, Swift había explicado cuánto amaba el típico canto argentino.
“Buenos Aires, ustedes realmente me hacen sentir increíble”, dijo mientras agitaba su mano izquierda, cómo buscando aire ante el clamor del público.

