Una investigación internacional observó que el tratamiento innovador, ya en revisión prioritaria por la FDA, permitió mejorar de manera significativa la expectativa de vida.
El fármaco experimental daraxonrasib ha logrado duplicar la supervivencia de los pacientes con cáncer de páncreas metastásico, uno de los diagnósticos más letales y difíciles de tratar, al actuar directamente sobre una proteína clave en la progresión tumoral.
Este avance, obtenido a partir de un ensayo internacional con más de 500 pacientes, marca un hito y entusiasma a expertos, según consignó The New York Times.
La magnitud del hallazgo se refleja en los resultados del estudio de fase III: los pacientes tratados con daraxonrasib vivieron una mediana de 13,2 meses, frente a los 6,7 meses del grupo que recibió la quimioterapia estándar, de acuerdo con datos suministrados por Revolution Medicines, la biotecnológica estadounidense que desarrolla el medicamento.
La reducción del riesgo de muerte fue del 60%, cifra que, en la historia de este tipo de tumores, no tenía precedentes hasta ahora. El fármaco, que se administra por vía oral una vez al día, obtuvo además la autorización para su revisión prioritaria por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), lo que podría acelerar los tiempos hasta su probable aprobación formal este año.
El cáncer de páncreas afecta cada año a más de 500.000 personas y provoca unas 470.000 muertes a nivel global, según la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC). Su tasa de supervivencia a cinco años en estadio cuatro es apenas de un 3%, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). La mayoría de los pacientes recibe un diagnóstico en fases avanzadas y, hasta ahora, las opciones terapéuticas no lograban modificar de forma significativa el pronóstico fatal de la enfermedad.
Por qué daraxonrasib marca un antes y un después
Durante más de cuatro décadas, la ciencia intentó sin éxito encontrar una forma de frenar a las proteínas RAS, una familia génica cuyo papel en la iniciación y progresión del cáncer fue descrito a inicios de los años ochenta por equipos del MIT y Harvard. Dentro de ese grupo, destaca la KRAS, una proteína que regula la replicación celular y, cuando sufre mutaciones, impulsa el crecimiento descontrolado de los tumores.
La dificultad radicaba en que la KRAS carece de los llamados “bolsillos” o sitios donde los medicamentos pueden adherirse e inhibir su función, lo que llevó a varios expertos a considerar durante décadas que se trataba de una diana inalcanzable. Adrienne Cox, investigadora de la Universidad de Carolina del Norte, describió el proceso como una sucesión de “derribos de dogma”, mientras que Marina Pasca di Magliano, de la Universidad de Míchigan, sintetizó la percepción científica prevalente: “Casi todo el mundo pensaba que iba a ser imposible fabricar fármacos contra la KRAS”, declaró, según The New York Times.
Fuente: Infobae

